Entre Cicatrices y Esperanzas


En lo profundo de la oscuridad y la tristeza,
un alma decaída, temerosa de la belleza,
un chico herido, cautivo de la soledad,
se aventura una vez más, buscando ser amado en realidad.

El miedo al rechazo se agazapa en su ser,
sus cicatrices del pasado, difíciles de borrar,
pero el corazón, terco y valiente, decide entregarse,
aunque en cada latido, el temor no deja de acecharle.

El amor es un concepto peculiar y esquivo,
para aquel niño que nunca sintió un abrazo vivo,
traicionado y abandonado en sombras del ayer,
pero aún así, ansía creer y renacer.

Susurra el viento secretos de amor desgarrados,
mientras su alma navega por mares tormentosos,
teme lastimar a la chica con sus propias heridas,
mas el deseo de amar es más fuerte, aunque llore en despedidas.

En el abismo de su alma frágil y dolida,
una chispa arde, encendiendo una llama perdida,
busca en la vulnerabilidad la fuerza para enfrentar,
los demonios internos, con amor sanar.

En cada verso crudo se desangra su pluma,
expresando su dolor, su tristeza sin espuma,
pero entre las palabras se esconde un amor ardiente,
dispuesto a luchar contra el destino indolente.

Que el destino le brinde un respiro de alivio,
y que encuentre en su amada un refugio fugitivo,
unidos en su fragilidad, en su lucha compartida,
construyendo un amor que no se desvanezca en despedida.

Que el tiempo cure las heridas del pasado,
y que el chico encuentre consuelo, al fin liberado,
en los brazos de su amada, donde halla paz y abrigo,
donde se forje un amor que nunca llegue al olvido.

Que sus lágrimas sean testigos de una transformación,
de un alma renacida, liberada de toda aflicción,
que juntos escriban un nuevo capítulo de esperanza,
tejiendo en sus corazones una eterna danza.

En ese amor crudo y romántico se abrazan,
dos almas errantes que en la pasión se entrelazan,
y en cada verso, en cada latido de su ser,
encuentran el refugio, la razón para creer.

-Luis Daniel