No creía en la inspiración hasta que te conocí


Crédulo en remanente ilusión,
me vuelvo astrólogo en vida deficiente,
significados a eventos recurrentes otorgo,
basándome en afirmaciones improbables,
caigo en un caos que creía inexistente.

Pionero y hastiado, odioso hacia mí mismo,
intentando gobernar un reino de sueños rotos,
devoro la grasa que el optimismo depositó,
pero ¿qué más podía hacer, sino caer en fugaz calor?

Evoco constelaciones trazadas de esperanzas falsas,
me sumerjo nuevamente en la razón de sombras,
o aún no ha llegado, o el amor es impuntual,
dudo que aparezca incluso en mi funeral.
Así soy, Salvador Dalí sin su Gala,
César sin su Cleopatra,
Pitágoras sin sus matemáticas.

¿Qué se esconde tras esta luctuosa voz?
Que solo recita versos sofocantes,
llenados con la esencia del pesimismo y rencor,
auspiciados y manifestados por una inepta aversión.

Hay cosas que no comprendo verdaderamente,
y solo cobran perspectiva cuando las observo desde lejos,
como la felicidad y el odio,
ambivalentes en mi ser, como un adicto al oro.
Quizás estén ocultas, (la patología del dolor),
tratando de hacer de las suyas, como células anómalas en un tumor.

¡Y ahora, qué queda!
¿Arrastrarme de vuelta, en busca de amores en esta vasta esfera?
¿O adherirme a la negligencia que solo me limita a esperar una muerte solitaria y lenta?

Sé que soy un iluso,
por creer en mis propias mentiras,
hasta hace poco creía
que la inspiración era una vil mentira.
Pero sin quererlo ni pensarlo,
tú me inspiraste a vivir en esta desértica isla donde naufragaba,
y por primera vez en mi vida,
las palabras que despreciaba por creer que nunca me ocurrirían, cobraron sentido.

Lo malo fue darme cuenta,
que mi sed y deseo de amor hacia ti,
solo arrancó el último pétalo de esta mustia rosa.

-Luis Daniel