En la sombra de la hipocondría me encuentro,
anhelando la preocupación que me evade,
pero el cáncer, ese ser oscuro y maligno,
se ha infiltrado en mi morada metafísica.
La angustia, el sufrimiento, la incertidumbre,
son escalones que ahora debo ascender,
mientras el cáncer cognitivo se alimenta de mi vida,
sorbiendo de mi copa cada gota de existencia.
Enredado en un laberinto de preguntas sin respuesta,
mi mente se pierde en un torbellino sin fin,
buscando una razón, un mensaje de esperanza,
que calme esta agónica inquietud en mi pecho.
Sin embargo, una y otra vez, vuelvo al punto de partida,
sin consolidar palabras de aliento en mi interior,
me debato en la oscuridad de lo desconocido,
sin encontrar consuelo para este dolor latente.
Aún hay incógnitas que persisten sin respuesta,
pero he aprendido que el mayor temor del mundo,
es el miedo a la muerte, tan innato y natural,
que se arraiga en lo más profundo de nuestro ser.
En esta encrucijada de sombras y reflexiones,
me enfrento al oscuro abismo de lo inevitable,
y en medio de la oscuridad, encuentro la fuerza,
para abrazar la vida con valentía y aceptación.
-Luis Daniel-