El Señor es mi pastor, nunca me faltará
Me obliga a joder
A través de putas praderas, me arrastra por aguas de mierda
Con putas cuchillas afiladas, desgarra mi puta alma
Me convierte en una perra de carne barata
Porque mira bien, tiene un puto poder y un hambre descomunal
Cuando llegue el día en que los miserables
A través de pajas mentales y una dedicación del carajo
Dominen el arte de la jodida mariconería
Mira bien, nos levantaremos
Y haremos que los ojos del puto diablo se desbaraten de risa.
En el vasto vacío de la existencia,
donde el nihilismo se alza como esencia,
se eleva mi voz en cruda rebeldía,
cuestionando al dios que no merecía.
El Ser Supremo, creador de los mundos,
de divinidad repleto, tan profundo,
¿qué ha logrado con su maldita grandeza?,
solo miseria, caos y cruda tristeza.
Dios, ese ente que nos arrojó a la vida,
sin preguntas, sin opción, sin medida,
nos condena a luchar en vano esfuerzo,
mientras el absurdo nos devora dentro.
Promete ser pastor, guía y protector,
pero solo se burla, cruel impostor,
nuestras súplicas caen en el vacío,
susurros perdidos, sin sentido, frío.
La fe se desvanece en la oscuridad,
pues ante la Nada, su luz no tiene lugar,
la esperanza se desvanece como humo,
ante el abismo existencial, implacable sumo.
¿Qué es el bien? ¿Y el mal? Solo ilusiones,
construcciones humanas, vanas ficciones,
Dios no es más que un fantasma sin rostro,
un invento cobarde, un triste desgloso.
En su reino de promesas incumplidas,
nos sume en el tormento de nuestras vidas,
nos manipula con miedo y con castigo,
una marioneta en su cruel juego impío.
¡Maldito sea ese dios delirante!
que nos mantiene atrapados en su instante,
nos hace creer en propósitos vanos,
mientras los días pasan, grises y profanos.
¡Aléjate, deidad de mentiras y engaños!
Nada te debemos, nada te debemos,
pues en el nihilismo encontramos consuelo,
en la ausencia de sentido, hallamos anhelo.
¡Elevemos nuestras voces sin temor!
en contra de ese dios, sin valor ni honor,
no necesitamos su guía ni su amor,
solo la libertad de este oscuro fulgor.
En el abrazo del nihilismo nos encontramos,
más allá de dioses y creencias nos despojamos,
y en la negación de todo hallamos sentido,
en la ausencia de trascendencia, nos redimimos.
Oh, deidad tirana, ¿qué propósito tienes?,
si el destino es un juego en el que todos mueren,
tu plan divino, una broma cruel y sádica,
donde la vida se ahoga en su órbita trágica.
En tu supuesta sabiduría infinita,
¿dónde queda el sentido en esta farsa escrita?,
nos creaste con fallos, con penas y agonías,
y luego nos miras con aires de hipocresía.
Prometiste un paraíso tras la muerte,
pero solo encontramos el vacío inerte,
un cosmos indiferente a nuestras plegarias,
donde el sufrimiento es la única tonada diaria.
¿Por qué has creado este teatro absurdo?,
donde el dolor es el único acorde surdo,
donde nuestras almas se marchitan sin razón,
en busca de significado, sin hallar la canción.
Así, en el nihilismo nos alzamos firmes,
sin temor, sin sombras, sin temblor ni lamentos,
y en la oscuridad encontramos nuestra luz,
en el rechazo a dioses, nuestra propia cruz.

