El tiempo se desvanece como arena entre mis manos,
cada segundo que pasa, otro recuerdo se desvaneció.
Como páginas arrancadas de un libro olvidado,
como una flor que marchita y se quedó sin color.
La tristeza me envuelve como un manto oscuro,
en cada recuerdo y pensamiento, siento tú pulso.
Las fechas se vuelven cruces en mi calendario,
recordándome que ya no estás, que te has marchado.
La muerte, esa certeza inexorable que acecha,
me consume y me carcome como una llama que no se apaga.
Anhelo que haya algo más, un renacer tras la despedida,
y poder abrazarte nuevamente en alguna dimensión perdida.
En cada sueño, te anhelo y te busco sin cesar,
pero despierto y sé que solo soy un barco en la tempestad.
Prometo cambiar, ser mejor, dejar de causar pesar,
pero no aguanto más este infierno, este frío sin par.
¿Dónde estás, acaso en un rincón, donde el universo te responde?
He buscado sin cesar, mis cuentas son tantas, pero ya de juegos no responde.
Cierro mis ojos y te observo, los abro y la sombra me devora,
en mi angustia, intento alcanzarte, pero siempre mi brillo se evapora.
En los rincones de la memoria, tu imagen se desdibuja,
cada vez más lejana, como un sueño que se desvanece.
Pero aún así, en mi corazón tu esencia perdura,
como un faro en la oscuridad que nunca desaparece.
La tristeza y la desesperanza se entrelazan,
como hilos de una tela que envuelven mi ser.
Mas aún en la penumbra, brilla una llama de fe,
recordándome que el amor vence y no hay de perder.
En cada latido, en cada suspiro, en cada verso amargo,
te llevo en mi ser, en lo más hondo de mí.
Y aunque la despedida duela, tu legado es eterno,
en cada palabra escrita, en cada lágrima que fluye.
La melancolía, dueña de mis días, los colores se esfuman,
en el lienzo de mi existencia, solo tonos grises se acumulan.
La muerte arrebata, separa lo amado, lo más preciado,
y en el desgarro profundo, brota la esencia de lo humano aclamado.
Pero de recuerdos no se vive, es cierto,
aunque en ellos encuentre consuelo y abrigo.
Necesito enfrentar la realidad, seguir adelante,
construir un nuevo camino, por más doloroso que sea el castigo.

